domingo, 27 de julio de 2014

A otro perro con ese hueso.

La habitación es fría y el tiempo parece ir yendo hacia adelante, lo más rápido que se pueda imaginar, es como si se evaporaran los sueños y se perdieran detrás del blanco de las paredes y juguetearan con el cemento muerto y adherido. Sólo se oyen ruidos de caninos que están en el exterior y que le cantan a la noche o tal vez se están quejando porque no han obtenido su suculento hueso, y quizá eso es lo que me hace falta, no un hueso como los perros, pero sí algo por lo que salir a luchar, abrir la ventana y enfrentarme con la luna, gritándole desde mi aposento, que yo venceré, mis temores y con espada en mano iré tras lo que me hace falta para darle vida a este espacio, y poder seguirlo llenando de ilusiones, que amarradas de las patas de la cama, no se vuelvan a esfumar jamás, sino que se incrusten a los cuadros de las baldosas viejas, y crezcan como árboles mágicos, que puedan abrirse paso en el techo y volar lo más alto que se pueda, hasta que el infinito nos reconozca.