lunes, 28 de octubre de 2013

Cadáveres.

Una pila de cuerpos mal olientes, formaban un morro frente a mis ojos, algunos estaban en descomposición y otros ya llevaban muchos días allí, adhiriéndose piel con piel con los otros, juntando olores de putrefacción. La gente pasaba alrededor de ellos sin siquiera murmurar algo sobre aquel macabro acontecimiento. Ya estaban acostumbrados, todo era muerte por esos lados, por esos días, ya no había vida que germinara en aquel entonces, la muerte excesiva era algo normal, hacía parte ya del vivir diario de sus habitantes. Como esto era un proceso más dentro de la vida de aquellas personas, decidí integrarme en ese mundo, así que para estar más en contacto con la no vida de aquel lugar, me sumergí dentro de esa pila de cadáveres y quedé atrapada con un tumulto de ellos sobre mí, pero la sensación fue bastante extraña pues creí que iba a ahogarme ahí, pero al final de todo, el tiempo se fue pasando lento y fui sintiendo como me iba acoplando a aquella situación, y como me sentía como en casa, como si la muerte fuera mi hogar, como si la vida me hubiera estado matando lentamente y aquel baño de muerte me hiciera bien. Ahora, yo era uno más, sólo un número más, como siempre lo fui.

1 comentario:

  1. Este es uno de tus textos que me conmueve. De esos que muestran sin retoques lo que podemos ser. Un saludo.

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