domingo, 14 de julio de 2013

Milonga

En un ambiente bohemio, lleno de música mágica, sentía como el vacío de mí soledad me inundaba, esparciéndose por todo mi cuerpo.
Veía a mi alrededor cómo las personas danzaban al compás del tango, unidos por la melodía y el bandoneón, juntos, respirándose uno sobre el otro, sin hablar, sólo guiándose por aquel sonido melancólico y a la vez romántico que se dispersaba en el aire del lugar.
Al pasar las canciones, la gente iba y venía bailando, y mientras tanto, mi mente volaba y se posaba de pensamiento en pensamiento, de morada en morada, haciendo que mi mirada se fuera apagando lentamente.
Soledad de soledades. Me encontraba en una ciudad tan grande, con muchas personas, pero a la vez yo estaba sola, aunque sola no es la palabra correcta pues me tenía a mí misma, pero no es suficiente, pues yo no puedo darme un abrazo a mí misma y sentir aquel calor que sólo otra persona podría generar.
Sintiendo cómo el tiempo corre a pasos agigantados, mientras yo sigo aquí, en este mismo pozo, sin salida, atrapada hasta que alguien venga a rescatarme y me lleve a lugares seguros, de aromas indescriptibles, de sentimientos majestuosos. Ver pasar los días, las horas, los minutos, y pensar que podrías vivir todo lo que queda de tu existencia, sola, escuchando solamente tus pensamientos, pues aquella persona que ha robado tus últimos momentos de tu vida, está lejos, en el tiempo y el espacio.
Se cierra la noche con un viento frío, helado, que petrifica tu cuerpo, inmovilizándolo. Caminas por las calles desoladas, con temor de jamás sentir esos besos, como aquellos que marcaron tus últimos días.




1 comentario:

  1. Quizás sea eso un propósito de la vida. Quizás la búsqueda jamás finalizada sea la razón de vivir. Mientras encontramos o nos encuentran, podemos satisfacer nuestra sed de sensaciones y sentimientos, la vida es una represa turbulenta de experiencias.

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