sábado, 24 de noviembre de 2012

Crecer o no crecer, esa es la cuestión.

¡Despierta!, ¡Tienes que crecer!... son palabras que mi otro yo le gritan a mi ser.
El saber  que tengo que dejar a un lado a mi niña interior, que debo aplastar mi imaginación y mi vida soñadora que va siempre volando por las nubes, es algo que perturba mi mente hasta enloquecer. Saber que debo cambiar y fingir algo que no soy solo para ingresar al mundo real, es algo que me invade y me castra.
Ser adulto es algo totalmente ajeno y extraño para mi, que tendré que admitir algún día de mi vida para poder dejar de vivir en esta pompa de jabón que sigue saltando por los aires y mirando toda la belleza del mundo.
Ya tengo algunos años en edad cronológica, pero yo solo soy una pequeña que quiere seguir floreciendo y jamás marchitar; que se emociona al sentir la brisa fresca tocar mi rostro y mover mi cabello; que el olor de la mandarina excita por completo mi cuerpo y mente; y que no quisiera nunca jamás tener que vivir con una corbata atándome al mundo de los "grandes", donde los problemas del amor y del dinero salen a flote a una velocidad más alta que lo normal y donde cualquier cosa es problema o maravilla.
Sé y solo sé que si no quiero quedarme solitaria como una flor en el desierto, tengo que abrir mi mundo de fantasía, música y letras para que entren muchas nimiedades a mi mundo, pero prefiero seguir ignorando que eso tenga que pasar y quedarme como un naufrago que perdió su barco y que  habita solo en una isla abandonada en donde su única compañía es el eco de su voz que rebota en la cueva oscura de su vivir.


2 comentarios:

  1. Piensa en Rafael Pombo y sus divertidas y mágicas fábulas.
    Piensa en Cervantes (a sus 65 años escribió el Quijote) que hace a cualquiera morirse de risa y diversión ante las maromas del caballero más famoso del mundo.
    Piensa en el mismo Quijote y Sancho, dos hombres mayores que nunca se rindieron a sus sueños, imaginación e ideales. El mundo te cambia pero está en ti ser más fuerte que él.

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  2. Me encantó lo que me dijiste. Ahora siempre tendré en mi mente esas palabras que me darán ánimo para seguir...así como esos grandes de las letras lo hicieron.

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