jueves, 26 de abril de 2012


Era Jueves en la noche. Los demonios recorrían el negro palacio, riendo y mofando de cuanta tragedia habitaba en ese esplendoroso lugar. Danzaban al compás de la música victoriana, escondidos entre los lujosos cuadros pintados al óleo. Asomaban sus caras cuando algo extraño ocurría,  recorriendo con los ojos dichas situaciones.
Los candelabros se apagaron, todo era oscuridad, las palabras de miedo y angustia de los cortesanos se hacían cada vez más intensas. Sentían  un cierto viento rozarles las pieles. Un frío los invadía de terror. Empezaron los gritos grotescos, mujeres lanzándose de los balcones, hombres cortándose las gargantas y las orejas, no querían seguir sintiendo aquella sensación tan macabra.
En la mañana del viernes, entró uno de los caballeros del rey  al reciento de bienvenida, cuando su rostro pálido y pasmado captó aquellas imágenes de crueldad. Aproximadamente 30 muertos bañados en su propia sangre llenaban aquel vestíbulo.
Luego, solo eran gritos y horrores de las personas que entraban a aquel lugar a comprobar las palabras de aquel de armadura metálica.
Las demonios rieron.

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