sábado, 12 de noviembre de 2011

La caja de Pandora

La hermosa pero melancólica soledad atravesaba mi penumbra elevándome por senderos ocultos dentro de mi, llorando ríos enteros por aquellos recuerdos que siempre vienen a esta mente podrida. Pasaron las horas, todos a mi alrededor reían, cantaban, danzaban, mientras yo me encontraba encerrada dentro de un cubículo sin salida, ahogándome en mi propia saliva mientras la sangre oscura que  salía de mis ojos me enceguecían.
Logré escapar de la oscuridad que me dominaba, salía hacía la luz resplandeciente mientras mis ojos recuperaban ese brillo cándido que había tenido alguna vez. Ya hacía parte de los hijos de la luz, pero aún sentía que aquel no era mi lugar, me sentía como la pieza perdida de un rompe cabezas. Después de mucho tiempo de engañarme con artilugios baratos, sentí como mi alma volvía a dominarme, como ese odio y ese deseo de destierro se estaban apoderando de mi otra vez; pude ver aquella realidad con la mirada que siempre me había acompañado en cada acontecimiento de mi existencia y decidí entonces abandonar los espejos, las falsas promesas y así de nuevo retornar a mi yo.
Después de navegar por mares desconocidos y de cruzar laberintos oscuros y ruines logré llegar a aquel aposento,  al cual yo le llamaba: "La caja de Pandora".