sábado, 21 de agosto de 2010

Cuento de ultratumba

Estaba huyendo de mis pesadillas, así que solo cerraba los ojos para quitar esa perturbación que estaba clavada en mi mente. 
Andaba deambulando por los callejones oscuros, no lograba ver nada, solo escuchaba pasos misteriosos y maullidos de gatos, que se topaban con el silencio de mi cerebro.
Al pasar la calle logré ver al fondo de ella a una mujer que lloraba mientras tapaba su triste rostro con sus manos.
Al principio no le di  importancia, pero después de sentir esa desesperación que de ella emanaba, me acerqué cautelosamente y coloqué mi mano sobre su hombro. Ella solo seguía formando mares sobre el asfalto, hasta que logré ver a  su lado a un pequeño que rondaba los 4 años.
Aquel niño era de tez blanca, sus ojos brillantes y sus labios morados. El estaba ahí, estático, con sus dedos sobre la falda de su madre.
El niño me miraba con sus ojos penetrantes y solo decía : ¡shhhh! 
Yo estaba más asombrada de aquel cuadro tan extraño, pero seguía muda y sin expresar nada, hasta que la señora me  explico el terrible accidente que había tenido su pequeño hijo, el cual murió.
Me empecé a asustar y ya estaba pensando en dar la vuelta y correr lo más lejos que pudiera, pero cuando lo iba a hacer, el niño ya estaba a un lado de mi, susurrándome al oído:
Ya casi llega tu hora.

1 comentario:

  1. Buen ejercicio narrativo. Más que la historia es más importante la forma, el manejo del enfoque, la mirada que le des. Me gusta la atmósfera onírica que logras.

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