jueves, 12 de agosto de 2010

cuento corto

Mi soledad cada día era más absoluta, trataba de pasar las noches en vela para pensar acerca de todo lo que me había pasado en el transcurso de mi vida. Empezaba a imaginarme como habría sido si estuviera en otra ciudad, o si estuviera haciendo otra cosa diferente a la que hago ahora. Miles de cuestiones salían de mi cerebro como si se derramaran a través de él. Mis ojos se brotaban como si estuviera mirando un espectro en la oscuridad.
Aquella noche  estaba mirando a través de la ventana, cuando vi pasar  una sombra fuera de la ventana; pensé que me estaban asustando, que eran fantasmas que habitaban las calles; pero luego me di cuenta que era la sombra que había en mi corazón la cual se salía de mi ser y recorría las calles de la ciudad, en busca de alguien que pudiera consolarla.
Aquella noche me sentí transportada hacía otra dimensión, cuando mi alma se hallaba en aquel bar, donde los olores eran nauseabundos y las personas que estaban dentro de él eran repugnantes, con miradas frías. Allí estabas tú, sentado en aquella barra del bar, esperando tal vez a que el viento resoplara en tu oído y te dijera cosas que tal vez habías estado esperando oír desde hace mucho tiempo.
Me senté a tu lado y pedí una copa de vino; y tú seguías tomando tu coñac sin mirar a algún lado. Ya pasaban más de las 12 de la noche, cuando tú mirada se cruzó con la mía; pude ver a través de esos ojos fríos casi como cristales, que tú ser estaba triste y apagado, que querías una fogata dentro de tú corazón para que incendiara lo malo que había en él.
Después de un largo silencio de miradas, hablamos de nuestras vidas durante toda la madrugada, se oían los pájaros cantar cuando ya el sol salía, y todavía seguíamos hablando…
Desde que nos miramos hubo una fusión de nuestras almas; nuestros ojos se congelaron al mirarnos , tus dedos se entrecruzaron con los míos y un viento cálido rozó mi cabello, haciéndome sentir frágil al tacto.
Desde aquél día mi vida tiene sentido, ya no suelo mirar sola hacía la ventana como solía hacer, sino que tú me acompañas, y siempre en la noche vemos pasar a dos sombras que van cogidas de las manos, paseando por toda la ciudad.

2 comentarios:

  1. Me encantó Chibi...
    El ritmo de la historia, las palabras, el final....

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  2. Sí, hay más cuidado aquí en este relato. Está mejor logrado.

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