lunes, 12 de julio de 2010

Esquizofrenia

Me encuentro corriendo en este día de invierno, invadida por la ira y la depresión; pero no se hacía donde me dirijo, solo siento que debo huir de aquel lugar.
Después de seguir a través de las calles con mi maldita esquizofrenia, logro ver al final de la acera a un hombre con gabardina y con un tabaco en sus labios.
Fumaba de una manera muy elegante,  por un momento creí que se trataba de un vampiro, pero luego  caí en cuenta que los vampiros no existen.
Mi cabeza ahora se concentraba en aquel sujeto, olvidando por completo el porqué corría, pero igual mis pies no dejaban de moverse, hasta que estuve al frente de aquel ser oscuro y misterioso.
En ese momento quedé paralizada, lo mire fijamente y el volteó su cuerpo hacía mí de una manera muy extraña; y yo solo respiraba y balanceaba mi cabeza.
Bastó solo unos cuantos segundos de miradas y recuerdos vacíos, cuando la bala de su arma atravesó mi cerebro, penetrando todo pensamiento del cual huía, llegando así el silencio a mi cabeza podrida.



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