lunes, 12 de julio de 2010

Recuerdos

Sentada en aquella banca vieja y dañada del parque de la esquina  me encontraba  observando el lago que decoraba ese sucio parque con un toque de magia. Sentía como la brisa de aquella tarde fresca pegaba sobre mi rostro, tratando de ahogar mis  pensamientos. Veía el reflejo de mi ser sobre el agua cristalina del lago; los pájaros revoloteaban sobre los árboles, con sonidos extravagantes para mis oídos, que penetraban en mis tímpanos.
Tocaron mi hombro, llamándome , y yo volteé  mi cara con signos de extrañes, cuando vi el rostro de una pequeña niña que me sonreía y yo no lograba explicarme el porqué de esa actitud; así que estaba a punto de abrir mi boca para preguntarle, cuando ella me calló diciendo :
-Solo quería ver de cerca como eres
Yo quedé aún más perpleja y sin saber el motivo de las palabras de aquella pequeña; ella se sentó a mi lado en la vieja banca, y balanceaba los piecitos como si estuviera jugando, y yo aún seguía callada, hasta que ella rompió el silencio diciendo que le gustaban los helados de chocolate, que quería ser escritora cuando estuviera grande y que sus padres les habían enseñado a amar el cine. Aquellas palabras se me hicieron aún más raras, ya que por un momento  mi mente retrocedió a mi niñez y podía recordar que esos eran mis gustos cuando tenía solo 10 años.
Y recordé que yo era muy feliz cuando era pequeña, jugando a ser escritora con la máquina de escribir de mi papá, que saltaba sobre las camas mientras disfrutaba de los helados de chocolate que mi abuela me compraba todos los domingos.
Solo me miraba en el reflejo del agua, recordando todo estos momentos, cuando unas lágrimas resbalaron sobre mi cara y cayeron en el lago formando  hoyos cada vez más hondos.  Pero aunque lloraba, de mi boca salía una grande sonrisa de felicidad.
Después de este lapsus de recuerdos, volteé hacía la niña para contarle lo que pasaba por mi mente, cuando ya no estaba; me puse a mirar por todos los lados buscándola, pero no la encontré. Me puse aún más triste y nostálgica, no dejaba de quitarme esas musarañas de mi cabeza.
Estaba en  un estado  de shock , me paré de la banca y me dirigí hacía mi apartamento; abrí la puerta, subí las escaleras y me recosté en esa grande cama que tenía en mi habitación, y cerré los ojos, cuando de repente oí algo de ruido y desperté. Y allí estaba ella, la niña, sentada en el tocador peinándose el cabello frente al espejo y diciendo:
-Tú eras feliz con tus sueños, pero olvidaste el amor, y has quedado sola y condenada a vivir con tus recuerdos de tiempos felices que ya no vendrán.
Lloré, mientras la niña desaparecía  lentamente de mi vista. Y pude darme cuenta que ella no era de verdad, ni un fantasma, solo era el reflejo de mi mente llena de recuerdos.
No quería seguir con aquella vida aburrida y sin sentido así que tomé de aquel veneno para ratas que había comprado hace unos días atrás y lo bebí hasta que no quedara ni una gota. En medio de la intoxicación lograba ver un poco borrosa a la niña de mis alucinaciones, que estaba sonriente y se acercaba cada vez más a mí, diciendo:
-Has liberado el peso de tu mente, ahora estás muriendo, pero estarás feliz, no habrán más pensamientos dolorosos, solo dormirás por una eternidad. 


Esquizofrenia

Me encuentro corriendo en este día de invierno, invadida por la ira y la depresión; pero no se hacía donde me dirijo, solo siento que debo huir de aquel lugar.
Después de seguir a través de las calles con mi maldita esquizofrenia, logro ver al final de la acera a un hombre con gabardina y con un tabaco en sus labios.
Fumaba de una manera muy elegante,  por un momento creí que se trataba de un vampiro, pero luego  caí en cuenta que los vampiros no existen.
Mi cabeza ahora se concentraba en aquel sujeto, olvidando por completo el porqué corría, pero igual mis pies no dejaban de moverse, hasta que estuve al frente de aquel ser oscuro y misterioso.
En ese momento quedé paralizada, lo mire fijamente y el volteó su cuerpo hacía mí de una manera muy extraña; y yo solo respiraba y balanceaba mi cabeza.
Bastó solo unos cuantos segundos de miradas y recuerdos vacíos, cuando la bala de su arma atravesó mi cerebro, penetrando todo pensamiento del cual huía, llegando así el silencio a mi cabeza podrida.